POLÍTICA Y CORRUPCIÓN
Carlos Castresana, fiscal del Tribunal Surpemo
"NO ES CIERTO QUE SEAMOS IGUALES ANTE LA LEY"
Tengo 49 años. Nací en Madrid y hace 9 meses que vivo en México
realizando una misión para la ONU. Estoy casado y tengo tres hijos.
Quiero conseguir que el Estado de derecho sea realmente eso y que las
instituciones estén al servicio de la sociedad. Soy agnóstico. He dado
una conferencia en la UB, invitado por la Fundació Món-3.
VOTAR Y ...
Es miembro de la Unión Progresista de Fiscales. Durante 10 años fue
fiscal especial para la represión de los delitos económicos y dirigió
las causas contra Pinochet y Videla, entre otros. Gotabora regularmente
con Amnistía Internacional, Dice que en España los jueces tienen
tendencia a acomodarse al interés que menos les complique la vida. Él
ha tenido que dedicar más tiempo e defenderse de las denuncias que los
inculpados interponían contra él que en sacar adelante los
procedimientos que llevaba contra ellos. "Estaba muy solo". Le preocupa
el creciente vaciamiento de las estructuras democráticas. "Hay que
transmitir a la gente que las instituciones son suyas, y que si quieren
que funcionen deben estar encima, no es suficiente con votar cada
cuatro años".
Ima Sanchís, La Vanguardia, 27-10-2006.
¿Prevalecen las leyes del mercado por encima de las del Estado?
-Sí, el Estado controla cada vez menos y las leyes del mercado no
respetan el interés de la mayoría, regla básica de la democracia.
-Últimamente, política y corrupción son palabras asociadas.
-Desde que no hay sustanciales diferencias ideológicas, los partidos
políticos se han convertido en proyectos que deben ofrecerse a los
votantes como proyectos de marketing.
-Y alguien tiene que pagarlo.
-Sí, y los gobiernos acaban en manos de quienes están en condiciones de
financiar las campañas. El centro de decisiones, que antes eran los
parlamentos, son hoy los mercados. Las grandes multinacionales son las
que toman de verdad las decisiones.
-¿Qué tipo de justicia transige con Guantánamo y con las cárceles secretas?
-La de los que nos están devolviendo a la noche de los tiempos.
-Nos urge una Corte Penal Internacional que funcione.
-Se trata de una criatura recién nacida en un planeta en el que hay
violaciones masivas de los derechos humanos en todos los continentes.
Hay que tener paciencia, porque las condiciones políticas que tienen
que acompañar a la justicia internacional son como las mareas.
-¿...?
-Van y vienen en función de los acontecimientos, hubo muy buen momento
entre el fin de la guerra fría y el 11-S (tribunal para la ex
Yugoslavia, tribunal de Ruanda); pero luego todo se detuvo.
-¿Llegaremos a tener a la mitad de los gobernates del mundo ante los
tribunales?
-Hasta hace muy poco, la realidad que nos muestra la historia es que la
justicia internacional es sólo para los vencidos.
-Los juicios rápidos están reservados a los ciudadanos de clase media y
media baja.
-Eso siempre ha sido así. Los resortes de poder de que disponen los
altos cargos políticos o los altos responsables de instituciones
financieras o corporaciones son muy superiores a los que dispone el
ciudadano medio. No es cierto que seamos iguales ante la ley.
-¿Con qué se encuentra un hombre como usted cuando se enfrenta a un
proceso de corrupción internacional?
-Los imputados controlan los medios de comunicación y los poderes
fácticos de influencia. Nosotros no tenemos ni el apoyo de los medios
ni de los responsables políticos. Hoy se pone de manifiesto la
debilidad del Estado frente a individuos extraordinariamente poderosos
que se creen por encima de la ley y que de hecho lo están.
-Y a menudo son individuos de Estado.
-Es un fenómeno creciente, sí. A partir de los años noventa grandes
financieros acceden directamente al gobierno, les resulta más rentable
financiar su propia campaña, acceder al cargo público y, como
empresarios, disponer de las inmunidades que les corresponden como
políticos, que financiar campañas ajenas.
-Y tenemos a las empresas de armamento comprando los medios de comunicación.
-Sí, claro; el libre comercio se ha basado en la reducción del Estado,
la desregularización de sectores muy peligrosos como el de energía
nuclear o de armamento y en la privatización de servicios públicos
esenciales. En esas condiciones, el Estado se desarma y los resultados
los comprobamos cuando ocurren desastres como el huracán Katrina.
-Sálvese quien pueda.
-El país más rico y desarrollado del mundo no dispone de vehículos para
evacuar a la gente ante un huracán anunciado.
-¿Hoy las mafias están integradas en el sistema?
-Están en las estructuras de la sociedad sí. Si tú permites que este
tipo de grupos se asienten en tus estructuras sociales, políticas y
económicas, acaban adueñándose de ellas. El mafioso empieza siendo
cliente del banco y acaba siendo el dueño; y en eso estamos.
-Las grandes corporaciones utilizan los medios de comunicación, a los
políticos y también a los jueces.
-Los compran directamente bien mediante acciones o bien mediante
promoción. Necesitamos transparencia e información y en eso la prensa
tiene un valor fundamental. ¿Alguien sabe que la guerra de Congo ha
sido la peor después de la Segunda Guerra Mundial? No, ¿y sabe por
qué?... Porque detrás de esa guerra estaban los intereses de las
corporaciones de la ONU, EE.UU., Canadá y Sudáfrica.
-La CIA rapta a un ciudadano alemán, lo encierra en una cárcel en
Afganistán y lo abandona en Líbano.
-Eso lo hace un determinado gobierno al que le tenemos que decir "no en
mi nombre" y "no con mi dinero". A partir de ahí, esos gobiernos que
están rompiendo las reglas básicas del contrato social tendrán que
responder algún día.
-Posibilista.
-Colombia vive una catástrofe humanitaria: tiene 3 millones de
refugiados, 11.000 niños soldados y un conflicto armado que el Gobierno
niega. Para que las cosas cambien, la comunidad internacional debe
tomar decisiones. Se puede coger a una docena de individuos de las
FARC, de los paramilitares, de todos los actores del conflicto,
subirlos a un avión, llevarlos a La Haya y ponerles cadena perpetua: a
partir de ese momento Colombia tendrá una oportunidad.
-Eso es posible con Colombia, pero no es posible hacerlo con los
agentes de la CIA.
-Lo sé, pero empecemos por lo posible. Cuando yo denuncié en 1996 a
Videla y a Pinochet, me llamaron loco.

